Blogia
interesan

Capítulo 14

Capítulo 14

Después de haberse curado las penas con el mono, corpulento, simpático, guapo/a de Sergio, Violeta conoció a Diego, diez años mayor que ella y piloto de avión. Toda una dulzura, sobre todo porque tenía mucho, pero que mucho, dinero para agradar a su ropero, sus manos, orejas y demás. Todo era perfecto. Ella decía que se había enamorado, pero el tiempo, como siempre, le haría ver que aquello no tenía futuro y que era un simple capricho.

Una noche me quiso presentar a Diego, así que preparó una cena para cuatro en un restaurante carísimo. Mi acompañante, por desgracia, no era Manu sino un energúmeno amigo de Diego que, si es posible, me cayó peor que él.

Son las 20.00 horas. ¡Oh, Dios! otra vez lo mismo. Se me ha hecho tardísimo y no sé qué ponerme. Suena el teléfono de la habitación

-Diga.

-Hola, cariño, ¿cómo estás?-. Era Manu.

-Bien, ¿y tú?

-Esta noche vamos al Caspio. Tienes que venirte va a ver concurso de eructos-. Puag, ¡qué asco!, si ya tenía una velada comprometida, menos me apetecía ver, cómo mi estupendo y maravilloso maromo perdía el tino bebiendo cerveza e intentado ser el mayor sapo de Madrid.

-Joé, Manu, ¿no estás ya muy mayor para tanta tontería?

-Venga, vente, anda, porfa. Si no vienes te echaré mucho, mucho, mucho de menos-. Joder, se me derriete el corazón.

-Es que ya he quedado.

-¿Con quién?

-Con Violeta y unos amigos de ella-. De repente se hizo un silencio atronador. Creo que no le gustó nada que saliera con chicos que no fueran él o, peor aún, que saliera con Violeta, persona non grata en su vida.-¿Sigues ahí?

-Sí.

-¿Qué te pasa?. ¿por qué te quedas callado?

-Es que no me hace gracia que salgas con Violeta, seguro que te mete en líos y siempre sales escaldada, si no es por una cosa es por otra.- No es que Manu fuera adivino, pero Violeta tenía el don de liarla siempre. Algunas veces salía airosa, pero la mayoría siempre tenía jaleo y yo tenía que inmiscuirme para poner orden, cosa que no me gustaba, ya que parecía una barriobajera.

-No te preocupes. Luego te llamo, si salgo pronto de la cena y me acerco por el bar, a ver si tus ercutos son los más fuertes.

-No hace falta-. Uf, suena a enfado inminente.

-¿Qué pasa?, ¿te molesta que salga sin ti?

-No.

-Pues parece todo lo contrario.

-No, Celia. Pero es que esa tía te manipula-. Ahora sí. De enfado inminente he pasado a cabreo agudo.

-A mi no me manipula nadie, al contrario que a ti. Tus amigos de este colegio pijo te tienen el coco comido y si no fíjate cuando estás con tu gente de siempre. Eres otra persona, menos spuerficial, al igual que cuando estás conmigo a solas. Pero, cuando te juntas con ellos te vuelves un tanto estúpido-.

-Bueno. Haz lo que te dé la gana.

Fin de la conversación. No porque yo no tuviera más nada que decir, sino porque el muy capullo me colgó el teléfono. Joder, no puede ser. Ya son las 20.30 horas y he quedado en media hora. Ya no tengo tiempo de llamarlo. Si ya me parecía jodido salir con dos pijos y Violeta, el simple hecho de haber discutido con Manu me mató. Evidentemente, salí con un humor de perros, sólo me faltaba ladrar. Durante la cena contesté a todo con monosílabos y sonrisas. Así parecía tonta y hacía honor a los chistes de rubias. Todo fue perfecto hasta que llegó el postre. Violeta se levantó de la mesa, se disculpó y se dirigió al aseo. Dos minutos después Diego cogió su móvil, como si lo hubieran llamado, se disculpó y se levantó de la mesa. Ya sólo quedábamos el amigo, de cuyo nombre no me acuerdo y aunque lo recordara preferiría olvidarlo, y yo en la mesa. Pasaron 10 minutos y empezamos a oír gritos y platos rompiéndose. ¿Qué pasa? Oh, no. No me lo puedo creer, Violeta estaba semidesnuda, discutiendo con el somelier y rompiendo vasos, platos, copas y todo lo que se pusiera a su paso. Se volvió loca. Esta vez sí que no aguanto la situación. Así, que muy dignamente me levanté de la mesa, salí por la puerta, que estaba al lado contrario de donde provenían los gritos y me largué. Pillé un taxi y me fui al Caspio.

Cuando llegué al Caspio estaba Manu. Lo observé con detenimiento, estaba bailando con una rubia esbeltísima y guapísima. Ya lo que me faltaba para terminar de rematar la noche. Cena desastrosa, vergüenza y autoestima por los suelos. Ninguno de sus amigos me vio entrar, así que me senté en una barra, al fondo del local. Pedí una ginebra con limón y me dediqué a observarlos. Todos ligaban y bailban con unas tías de las que ellos llaman carne de cañón, Manu incluido. Pero, curiosamente ninguno se liaba con ninguna, sólo bailaban, lo cual era un gran alivio para mi. Pasó una hora y apareció Violeta con Diego en el Caspio. Manu los vio.

-Violeta, ¿dónde está Celia?-, preguntó Manu.

-No lo sé.

-¿Cómo que no lo sabes?, ¿qué pasa?, ¿está con el tío ese con el que salieron?

-No. Tuvimos un pequeño problema en el restaurante y Celia se marchó sin decir ni adiós.

Manu ni se despidió. Sacó del bolsillo su móvil y me llamó.

-¿Dónde coño estás?, Celia-.

-Estoy en el Caspio, viéndote bailar desde hace una hora con una piba rubia, que no ha parado de rozarse contigo, sin que tú hicieras nada. Date la vuelta y me verás.

Cuando se dio la vuelta y me vio sóla, su cara cambió y esbozó una sonrisa. Se alegraba de verme. Se sentó a mi lado y me dio un abrazo. Le conté todo lo sucedido en la cena y que llevaba una hora sentada en la barra. Me pidió disculpas por haber desconfiado de mi y me suplicó que pasara esa noche con él en su casa, invitación que yo acepté de muy buen grado.

Ya el Caspio estaba dando los últimos coletazos antes de cerrar y decidimos marcharnos. Cuando llegamos a los aparcamientos vimos a una pareja discutiendo a voz en grito. Eran Violeta y Diego.

-Párate-, le dije a Manu.- Es Violeta. Está discutiendo con el tío ese y se le ve muy borracha.

-Deberíamos separlos.

-No. Vámanos para casa, estoy harta de hacer de niñera de ella. Hoy necesito que me cuiden a mi. ¿Te parece bien?

-Perfecto.

Nos subimos en el coche y nos fuimos a casa de Manu, donde pasamos lo que quedaba de oscuridad gozando de placer, aunque sin corrernos, abrazándonos y acariciándonos. Me estaba enamorando de ese hombre. Tres horas después de dormirnos sonó el despertador. Manu me apuró porque tenía que ir a trabajar. Me vestí todo lo rápido que pude y me llevó en coche a la residencia. Pedí mi llave en recepción, subí todas las escaleras que llevaban al cuarto piso para irme a mi habitación y darme una duchita. Cuál fue mi sorpresa que cuando abrí la puerta, con la llave, repito: con la llave, me encontré a Violeta sentada en mi cama.

-Joder, qué susto. ¿Qué coño haces en mi habitación?, ¿cómo has entrado?

-No te enfades tía. Me he metido en un lío enorme-. ¡Qué raro!, pensé. -Diego me llevó ayer a comisaría y me ha denunciado.

-¿Por qué?. ¿qué pasó?-. No entendía nada.

-Tía, que cuando salimos del restaurante todo muy bien. Follamos en el baño y el puto camerero nos encontró haciéndolo y nos quería echar del restaurante, cosa que hizo. Luego nos fuimos al Caspio, discutimos. Él fue al baño un segundo y yo salí al parking y le rayé el coche.

-Pero Violeta. ¿De qué vas?

-He estado toda la noche en comisaría. Lo he pasado fatal. Déjame quedarme a dormir en tu cuarto. No quiero que Diego me encuentre y nadie va a saber que estoy aquí.

Cómo iba a negarme. Qué alivio sentí al saber que me había largado del restaurante a tiempo.

0 comentarios