Capítulo 12
Violeta vs Lucía Carrasco.
Mi noche acabó bien. Lo poco que quedaba de velada se estropeó porque algún estúpido perdió mi ticket para recuperar mi abrigo y me tuve que esperar hasta que todos recogieran el suyo, con la buena suerte de tener unos brazos varoniles y unos labios que sólo susurraban cosas tan bonitas como "te quiero" (mentiroso, cabrón. Sólo me lo decía cuando estaba borracho. Por supuesto siempre me queda el consuelo de aferrarme a ese dicho que reza: "Los niños y los borrachos nunca mienten") a mi alrededor. Una hora después recuperé mi preciado abrigo, no es que fuera de piel de zorro, pero teniendo en cuenta que estábamos con una temperatura de cinco grados bajo cero hasta una manta llena de agujeros y sucia era un bien muy valioso.
Una velada que empezó con inseguridades culminó incrementando mi autoestima hasta límites insospechados, que no otras cosas. Ya sabes....mucho alcohol = disfunción eréctil irremediable. Resultado: a roncar y a joderse, que no es lo mismo que que te jodan. Y hablando de joder, mientras yo me reconciliaba conmigo misma, Manu y Nati algo empezaba a fraguarse en la pista de baile. Violeta se cruzó con Lucía Carrasco, que le sacaba dos cabezas y media espalda y se plantó delante de ella.
-Hola, puta- como siempre, tan educada Violeta (ironía) le dijo a Lucía.
-Déjame en paz, enana.-Uf, ha metido la pata hasta el fondo, pensé, ahora se volverá loca Violeta y montará un espectáculo de pressing catch en el Caspio.
- Perdona, ¿qué me has dicho-
- Nada, que qué tal estás, Violeta- siempre correcta Lucía. La verdad que además de guapa también era lista y tenía bastante más saber estar que Violeta, para que después digan que el que tiene mucho dinero se sabe comportar en culquier clase de situaciones. Evidentemente, no era el caso de Violeta.
-Ah, bueno- espetó Violeta con altanería.-¿Sólo me dices eso, Lucía?, ¿te llamo puta y te me preguntas que qué tal estoy?, ¿tú eres tonta o qué te pasa?.
-No. Aquí la tonta eres tú, que te gustan las sobras de las demás-. Ahora sí. Ya no hay escapatoria.
Tras oír esas palabras Violeta saltó sobre Lucía y la agarró por los pelos, gritándole todo tipo de improperios. El grupo de las pijas cantaoras corrió hacia su amiga a defenderla. Violeta salió muy escaldada y muy humillada, hasta le escupieron. Lo cierto es que se lo tenía bien merecido por provocar a una persona que tiene a cinco o seis guardaespaldas. Yo no bajé a defenderla, no porque no quisiera, sino porque Manu me retuvo y me advirtió que no me metiera.
-Celia, estate quieta.
-Pero, Manu, es mi amiga. Suéltame. Déjame bajar, que voy a matar las pijas.
-Ni de coña te vas a meter en una pelea que no va contigo. Además, esa tía no te conviene como amiga-. Uf, qué mal me sentó el comentario en aquel momento. Ahora, con el paso de los años, le doy toda la razón. Ser amiga de una ezquizófrenica es lo que tiene, nunca sabes por dónde te va a salir y, si a ello le sumas que es una ególatra échale guindas al pavo.
Me quedé quieta viendo como humillaban a mi amiga. Gonzalo y su tropa entraron a defenderla y con él sus tres freekis secuaces, lo que derivó en que también los saludables penas de las pijas cantaoras entraran en acción. Consecuencias: ojos morados, narices ensangrentadas, insultos y fin de la fiesta. Perfecto, siempre hay algún gilipollas que la estropea. En esta ocasión: Violeta.
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