Capítulo 9
La vergüenza acompañó a Violeta, por el "instrumenticidio" y por el atentado a la cafetería, durante semanas e, incluso, meses. Luego las aguas volvieron a su cauce, como siempre. Por suerte para ella y por desgracia para otros, nuevos rumores y chismorreos se apoderaron de las horas muertas y conversaciones en cada rincón del colegio mayor. Aún así, no es fácil olvidar lo malvada que puede llegar a ser la gente y sobre todo por el tiempo que insistieron en darle vueltas a lo de Gonzalo, mientras que Violeta se consumía por completo. Física y anímicamente. Lo defendía a capa y espada y por encima de todo. Siempre he admirado eso de ella. Cree en el ser humano al 100%, tiene fe en todo lo que dice la gente. Su filosofía parte de pensar que el ser humano es bueno por naturaleza. Cuán equivocada ha estado siempre. El ser humano es una vívora, egoísta y egocéntrica y cuando tiene dinero se cree que se puede comer el mundo a su antojo. Deberían haber hecho un experiemento científico en ese colegio mayor. Parecía el gran hermano. ¿quién es malo?, ¿tú o yo?, tú, no yo. Tú, no yo. En eso se basaba la vida cotidiana residencial. Esa filosofía la tenía hace ocho años y la sigue defendiendo hoy en día.
Eso sí, aunque consumida por la vergüenza, nunca dejó de volverse esfervescente e irascible cada vez que alguien penetraba en su territorio. Lo tenía bien marcado, como un perro que mea las zonas que creen que son de su propiedad. Lo único que le faltaba a Violeta era levantar la pata. Sus campos de batalla eran Gonzalo y su habitación. Por esta última tuvo más de un enfrentamiento, ya que su vecina, Cristina, era amante de los ritmos de batucada y de tocar a horas imprudentes la percusión, pero eso lo contaré más adelante.
Su primer área de batalla: Gonzalo, la volvía loca, ya he dicho que en algunos momentos ha mostrado alguna tendencia esquizofrénica o una actitud psíquico-agresiva transitoria, pero no se ha podido demostrar científicamente que la padeciera o la padezca en su vida, así que dejémoslo correr.
Campo de batalla: aparcamiento del colegio mayor.
Objetivo: un golf nuevo, precioso, cinco puertas y gris oscuro.
Utenselio de trabajo: un objeto punzante.
Lema: joder a quien te jode.
Estrategia: Actuar sin ser vista por nadie.
Acción: rayar el golf, estupendo, cinco puertas, precioso y gris oscuro de mi más odiosa enemiga: Lucía Carrasco.
Lucía Carrasco era una chica de tercer curso, ex novia de Gonzalo, que pertenecía a una pandilla de otras cinco pijas, muy conocidas por su afición a cantar al karaoke. Todos los chicos estaban deseando irse por las noches con ellas, ya que sabían que sus bajos serían puestos a tono por las bocas calenturientas de las seis pijas. Sí, se dedicaban a hacer mamadas a diestro y siniestro, a Juana y a su hermana. Incluso, hacían apuestas para ver quién era la que más tiempo aguantaba sin separar la boca de su pene-presa. Al parecer, y según cuentan las malas lenguas, Lucía Carrasco era una de las grandes estrellas del karaoke. Cierto o no, lo único que queda claro es que ninguna de las seis tendrá que hacerse injertos de botox en labios, pómulos o bigote para tersar sus blancas pieles, ya que cuentan las revistas que el semen es muy bueno para que no aparezcan arrugas, además, a todo ello hay que sumar que los ejercicios faciales también vencen al tiempo. Estas sí que eran dignas de salir en uno de esos anuncios de L´oreal: el tiempo pasa, pero tu rostro no lo nota.
Resultado: Golf nuevo, precioso, cinco puertas y gris oscuro totalmente rayado.
Consecuencia: pagarle a la pija el arreglo de su coche y pagarle un vehículo de alquiler mientras el de ella estaba en el taller. Fue un desembolso importante de dinero para Violeta, pero no le importó. Se sentía orgullosa de su gran hazaña.
Dispositivo detectivesco: Nunca se llegó a activar. ¿El motivo?: no hubo tiempo para ello. Violeta, una vez cometió la fechoría, se dirigió dignamente hacia Lucía Carrasco, la llamó a su vera con una dulce sonrisa diabólica y le contó lo que había hecho.
-Oye, Lucía. ¿Puedes venir un momento?-, le dijo Violeta.
-Dime-.
- Alguien te ha rayado tu coche nuevo y no te molestes en preguntar quién fue, porque yo lo sé-.
-Y. ¿quién ha sido?
-Fui yo. Lo he hecho porque te odio y ándate con ojo porque Gonzalo es mío. Además, da gracias de que alguien pasó por el aparcamiento cuando me dirigía a rajarte las ruedas de tu golf. Eres una zorra y esto es sólo un aviso. Tenlo en cuenta. Aléjate de él para siempre, si no quieres más problemas o aparecer con una pierna rota.
Suena a ficción todo lo que cuento, pero es cierto. Se lo dijo tal cual lo he transcrito. Ya lo dije: es acojonante esta mujer. Más vale tenerla como amiga que como enemiga. Por supuesto, en esta ocasión se saltó su filosofía barata de creer que todos merecen una segunda oportunidad. A las ex novias de tus hombres hay que odiarlas, no son buenas (tercer consejo).
Durante años recordó con orgullo esta hazaña, ahora dice que se le fue la pelota, pero lo cierto es que aún le brillan los ojos cuando lo recuerda. En el fondo, yo creo que no fue ella, aunque seguro que estuvo presente en el atentado al precioso golf, de cinco puertas, nuevo y gris oscuro,a ella siempre le gustaba estar en medio de todos los tinglados, pero eso no lo puedo demostrar y creo que será un secreto que ella se llevará a la tumba.
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