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Capítulo 6

Capítulo 6

Día de resaca. Yo la tenía de fumar y de acostarme tarde. Los meses de novatadas no bebí ni una gota de alcohol, me declaré abstemia, por si me obligaban a beber mezclas o cualquier megunge envenenado.


 


El teléfono está sonando. Una llamada de una veterana que requiere mis servicios urgentemente en su cuarto, Sofía. Sofía era una chica semi loca, o con tendencias esquizofrénicas, que en épocas de mucho estrés se arrancaba los pelos de las cejas, dejándoselas bien calvas, cual culito de bebé. Ya lo comenté, pijos y con múltiples extravagencias, de todo tipo y de cualquier género.


 


Subí las escaleras, jadeando. Fumo mucho. Y llegué al ala opuesta de mi habitación, en el cuarto piso, sin ascensor. Toqué la puerta y Sofía me invitó a pasar. Entré, desconfiada, y allí estaba, sentada fumándose un cigarro de la marca camel la que me había llamado puta la noche anterior, Rosaura (una chica de 25 años con cara de muñeco chino, de esos que salen en los cómics), acompañada por varias veteranas, incluida Violeta, que nunca se perdía una y cuando lo hacía era porque estaba resolviendo sus propios asuntos. Como aquella vez que logró acojonar o acorralar, depende de cómo se mire, a una chica que le había hecho una jugarreta, en uno de los apestosos retretes del colegio mayor. La muchacha, Coral, había hecho correr el rumor de que Violeta se dejaba practicar sexo por detrás. No sé si es verdad, pero lo cierto es que ella montó en cólera y, por suerte o por desgracia para Coral, Violeta la encontró en el retrete.


Coral cuando la vio se encerró en uno de ellos.


-Sal de ahí de una puta vez, Coral-, gritaba como una posesa Violeta.


-No-, dijo tímidamente Coral.


-Que salgas te he dicho, porque te juro que tiro esta puerta ahora mismo y te mato-. Coral no respondió a esto último. Se limitó a callarse y a comerse las uñas por los nervios y las circunstancias en las que se encontraba, atrapada en un retrete y con espectadoras, muchas.


-Que salgas te he dicho, ¿me oyes?- reiteró Violeta.


-No.


Enfurecida, Violeta abrió la puerta del retrete aledaño, se subió sobre la vasija y se asomó al pequeño habitáculo en el que se resguardaba Coral. La miró con cara de odio y empezó a increparla para que saliera y se enfrentara cara a cara con ella, no sin antes haberle lanzado todo lo que encontró a su alrededor a la cabeza. Finalmente, Coral se decidió a salir al ver que Violeta no se cansaba de acosarla y se enfrentó a ella. Bueno, más bien bajó la cabeza y esperó a que le echara el rezado.


 


Violeta le dijo de todo menos bonita y se vengó más tarde, humillándola ante más de una veintena de personas y pagándole con su propia medicina. El rumor. Se inventó que era lesbiana y que espiaba con prismáticos a las compañeras desde cualquier sitio. Lo de los prismáticos no creo que fuera verdad, pero lo de bollera aún pienso que no iba desencaminada, pues tenía toda la pinta; pelo corto, a lo machote, vestía muy hippie y tenía andares poco femeninos y, además, te miraba con ojos deseosos o, al menos, a mi me lo parecía.


 



 


Todas abandonaron la sala cuando yo entré, como reales súbditos de la abeja reina o, más bien, reinona cucaracha (tenía cierto aire a los travestis de los carnavales, a los drag queen). Hablamos y fumamos, fumamos y hablamos, largo y tendido sobre lo que había ocurrido la noche anterior. Me pidió disculpas por aquello de haberme llamado puta y zorra.


-Te insulté porque Manu es el novio de mi amiga y lo he visto tonteando mucho contigo-, me dijo Rosaura. Corrijo: es su ex novio y mi novio, por si a alguien le quedaba alguna duda a estas alturas de que Manu era mío y sólo mío.


-No sé que me pasó, me dio mucho coraje y había bebido mucho-. Por supuesto, siempre es bastante recurrente echarle la culpa a los posibles efectos nocivos del alcohol. -Fíjate, te he dicho de venir a la habitación de Sofía porque anoche vomité, por el tequila, y tengo la habitación asquerosa-.


-No te preocupes. Lo hecho, hecho está, ya no se puede hacer nada. Si quieres mi perdón ya lo tienes. Lo cierto es que me da igual lo que hayas dicho, porque sólo me preocuparía si el que me llamara puta fuera una persona a la que aprecio y conozco, con lo que pensaría que tiene razón, pero viniendo de alguien como tú, que no sabe quién soy, lo cierto es que me importa un huevo-, le dije convencida. La verdad es que sí me importaba. Me había molestado muchísimo y sobre todo me sentí muy mal conmigo misma, pero no se lo iba a contar. Los ataques de sinceridad con los amigos y no con los que te llaman puta o zorra (consejo número dos).


Una vez culminamos con el tira y afloja y la perdoné, también me advirtió sobre Manu, asegurándome que era un cabrón y que me haría daño, al igual que se lo había hecho a su amiga. Era la segunda vez que una desconocida me decía algo malo sobre Manu, la primera fue Violeta.


 



 


Al cabo de un rato de irme de la habitación de Sofía recibí una llamada al colegio mayor. Era Manu. Rosaura lo había llamado a su móvil y le había contado todo lo ocurrido, confesándole que fue ella la que me insultó y descubriendo que yo lo sabía desde la noche anterior.


-¿Por qué no me dijiste que había sido ella?-, me soltó medio enfadado Manu.


-No te lo dije, porque anoche me comentaste que después de un montón de tiempo habías vuelto a hablar con Rosaura y que habían arreglado las diferencias que existían entre ustedes y no quería que por lo de anoche volvieran a romper lazos-.


-Eres una tonta. No vuelvas a hacer eso. La próxima vez me lo dices y punto.


 


Yo asentí y le prometí que lo haría, después pasamos media hora hablando de nuestras cosas e insinuándonos que nos queríamos, pero sin decírnoslo. El orgullo es lo que tiene. Yo nunca, en todo el tiempo que estuve con él, le dije un te quiero y él, a mi, sólo en una ocasión, después de echar un polvo y templado como un chucho, así que no le di importancia, bueno sí, pero en su justa medida.

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