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Capítulo 4

Capítulo 4 Me convertí en una de esas novatas, digamos, populares. Caía bien y, sobre todo, tenía el respaldo de un novio guapo, que casi todas adoraban y casi todos envidiaban. Uf, aún recuerdo lo mono que era y lo bien que folloba. Tengo que reconocer que él lo hacía casi todo. Yo era una paleta en eso del arte de amar, era la segunda vez en mi vida que me metía en la cama o me estrujaba en un coche con alguien, y todavía pensaba aquello de: ¡ojalá no hubiera perdido mi virginidad!, él tendría que haber sido el primero o ¿en qué coño estaban pensando cuando me dejé bajar las bragas en un opel corsa, aparcado al lado de una casa encantada, y si no estaba encantada algo sobrenatural habitaba en sus alredores, con un tío que casi no cabía en el corsa de lo grande que era? Como ya advertí anteriormente, era una I-N-G-E-N-U-A.

Llegó el día del espectáculo del novato. Unos 100 pardillos ensayábamos por última vez antes de que llegara el momento en el que dejábamos de ser humillados, después de un mes y medio de tediosas "bromitas". Yo salí del teatro y me dirigí dirección a la cafetería, en busca de tabaco. Soy una drogodependiente, no puedo vivir sin nicotina. Cuando me encontré a Manu de frente. Me paré en seco a saludarlo y le di un beso en la cara, en lugar de en la boca, cosa que él me había recriminado en varias ocasiones. Lo hice porque me daba vergüenza que me vieran los demás haciendo algo que yo consideraba íntimo y, además, había una compañera del primer piso, afortunada ella que no tenía que subir más escalones, pululando por el lugar, muy chismosa, metiche y con muy mal gusto, más bien pésimo, para elegir sus modelitos de biquinis, Bárbara.
Aunque parezca mentira, Manu me agradeció que lo saludara dándole un inocente beso en su mejilla derecha. ¿El motivo?: su ex estaba en la cafetería observándonos cual asesina en potencia.
Por este día y por este encuentro casual en un pasillo tuve un gran altercado con una veterana, del que salí airosa.

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