Capítulo 3
Pasaron semanas y mi vida en el colegio mayor y en la universidad continuaron su curso, con Manu incluido.Estábamos en pleno mes de novatadas. Lo cierto es que yo no las sufrí mucho. Supongo que era porque tenía cara de pocos amigos constantemente, aún la tengo, siempre paraces más seria e impones respeto. Por cierto, nada que ver con la realidad, aunque me gusta que los demás tengan esa imagen de mi.
Las novatadas significan: avasallamiento y humillación hasta el punto más álgido inimaginable al prójimo y a mi me tocó una "encantadora" tarde con Violeta (ironía).
Parecía inofensiva, con su cara angelical, pero como ya he dicho era muy peligrosa. y sus bromas no eran precisamente divertidas. Pero la tarde que me escogió como su novata acompañante no estuvo del todo mal. Nos divertimos montándonos en un carro de supermercado, empujándonos y cogiendo velocidad. Éramos dos Fernando Alonso en potencia. Por supuesto sólo se quedó en eso: en potencia. Cuando nos cansamos salimos de las instalaciones del colegio y nos fuimos a la escuela de Ingeniería que teníamos en frente. Allí nos recostamos sobre un montículo de hojas y nos pusimos a fumar y a hablar. Durante horas se dedicó a ponerme al día sobre los aconteceres de los inquilinos del colegio mayor, unos pijos intolerables, extravagantes y estirados.
-En este colegio la gente se hace muchos favores sexuales-, dijo Violeta.
- ¿Cómo-, pregunté escandilazada. Ya he dicho que yo era bastante puritana por aquel entonces.
- Sí. LLegan a acuerdos para acostarse, incluso por dinero-. Ay Dios, casi me muero cuando me dijo eso. Había putas y chaperos de verdad en el colegio mayor, pero a lo pijo. Hay que joderse, pensé. -Por las noches se cuelan unos en las habitaciones de los otros, incluso se hacen tríos y esas cosas-.
-Venga ya-, comenté incrédula.
-Te lo juro y si no observa-. Quizás, exageró un poco, pero la verdad es que se podía ver de todo.
Al rato empezó a hacer frío y decidimos marcharnos. Violeta quería ver mi habitación, ella decía que se podía conocer a una persona sólo con observar el espacio que ocupaba. Así que nos dirigimos al cuarto piso del colegio mayor, sin ascensor, y entramos en mi habitación, donde nos pusimos a interpretar a Maná, utilizando mi flexo a modo de micrófono. Nos echamos otro par de cigarros y se marchó.
0 comentarios